Penpot o la luz al final del túnel

Un bote de lápices

Hace unos meses observaba, emocionado, la presentación de una versión temprana de Penpot, una herramienta de código abierto para diseñar y prototipar. Digo emocionado porque el panorama del software libre específico de diseño para pantallas siempre ha sido, como lo diría, modesto. Si te dedicas a este oficio desde la barricada del software libre, ya sabes de qué te hablo.

Entusiasmado, he empezado a incorporar a Penpot en nuestro flujo de trabajo. Poco a poco, eso sí, que la experiencia dice que no es bueno cambiar toda el agua de la piscina de golpe. Pero aquí estamos, apostando por Penpot y con ganas de comentar algunas ideas.

Cada casa es un mundo, que dice mi madre

Por poner un poco de contexto, diré que somos un equipo pequeño y que yo me ocupo de todas las fases del diseño, desde los borradores en papel hasta el arte final. Todo el proceso es muy sencillo de compartir con el resto de participantes y no necesitamos herramientas de revisión demasiado sofisticadas. Cada detalle de diseño se debate de forma síncrona y en directo, realizando si conviene cambios al instante.

En cambio, el material en el que interviene el cliente debe ser muy fiel: no hay demasiado lugar para la interpretación. El diseño debe cubrir prácticamente la totalidad del producto en aquella fase, con un nivel de interactividad lo más definitivo posible.

Por eso, en una herramienta de ayuda al diseño valoramos mucho la versatilidad en la edición gráfica, la capacidad de reproducir la implementación que se hará después con tecnologías web y la fidelidad de la experiencia de uso final.

Está resultando un túnel muy largo

Como muchos otros, en diferentes épocas hemos trabajado con múltiples herramientas de diseño, esperando ilusamente de cada una que fuese la definitiva. Hoy estoy en modo abuelo Cebolleta y tengo ganas de tirar hacia atrás en el tiempo.

A principios de siglo, mientras muchos se peleaban con infumables diseños de webs con Photoshop, algunos vivíamos en el paraíso de los objetos, las páginas y estados, los textos y vectores editables, los múltiples suavizados de fuentes… Eran los años de Fireworks, con los que algunos todavía soñamos. De todas formas, hoy tampoco sería una herramienta ideal sin haber evolucionado. Y no olvidemos que utilizaba un formato de archivo propietario disfrazado de PNG y que nunca funcionó fuera de los dos sistemas operativos hegemónicos en el escritorio.

Parece que Sketch supo recoger el testigo de FW y evolucionarlo correctamente, pero haciéndolo aún más restrictivo apuntalándolo a una sola plataforma.

Y entonces acabas entregándote plenamente a Inkscape, mirando de paliar las carencias que siempre ha tenido y parece que tendrá para el diseño de interfaces. Y esto también te va agotando. Inkscape es un magnífico programa de ilustración vectorial, y es aquí donde debe quedarse. Un pequeño ejemplo ilustrativo de por qué nunca ha estado orientado mínimamente al diseño web es que todavía no permite subrayar un fragmento de texto sin escribir XML. Sin embargo, todavía lo mantengo como herramienta diaria de trabajo, fruto de los años ocupando la primera posición en muchísimos proyectos.

Disculpad que no mencione Pencil, LibreOffice u otras herramientas ofimáticas. Más allá de la fase de wireframing no he podido sacarles provecho.

Con Gravit a algunos nos dio un vuelco el corazón, al principio. Comenzó como un proyecto de software libre multiplataforma gracias a Electron, pero rápidamente evolucionó hacia un modelo cerrado, dicen que porque no logró la sostenibilidad económica necesaria para avanzar a la velocidad deseada.

La primera vez que me interesé en Figma todavía estaba muy verde y UXpin avanzaba, en mi opinión, de una forma mucho más interesante. La verdad es que las veces que he vuelto al primero para ver qué me estaba perdiendo, no he sabido ver nada que me interesara y que no cubriera el segundo. De este modo me he ido instalando en UXpin, consciente de que tampoco será la herramienta definitiva para mí. Actualmente es todavía mi programa de diseño habitual, ya que:

  • Me permite presentar propuestas de diseño fidedignas.
  • Puedo incorporar comportamientos y microinteracciones definitivos. Incluso en estados de borrador, incluyo rollovers primitivos para que el cliente localice de forma natural las áreas activas de un prototipo.
  • En un mismo trabajo se pueden incluir versiones para múltiples tamaños de pantalla gracias a los puntos de ruptura o breakpoints dinámicos.
  • Permite cargar versiones funcionales del diseño para cualquier tipo de pantalla en tus propios dispositivos físicos.
  • Los formularios y otros elementos reaccionan a variables y condiciones.

En definitiva, permite no tener que explicarme demasiado a quién deba valorar el diseño en cada fase, sobre todo si no es de perfil técnico.

Sin embargo, estas aplicaciones web dependen del rendimiento del navegador, y cuando los proyectos crecen y se hacen más complejos comienzan a arrastrarse, al menos en mi caso. Ahora mismo es el principal defecto que les veo.

No quiero olvidarme de Akira, un proyecto ambicioso para desarrollar prácticamente desde cero una aplicación de prototipado que funcione de forma nativa sobre GNU/Linux. Desgraciadamente, parece que avanza muy lentamente; tanto, que quizá otras propuestas le acaben avanzando. Pero querría verlo prosperar, ya lo creo que sí.

Llega Penpot

Conocido antes como Uxbox, se anunció públicamente como una alfa que parecía una beta avanzada. La velocidad de desarrollo ahora mismo es alta y sostenida (mientras reviso esta entrada se anuncia la llegada definitiva a beta).

Finalmente creo que ha llegado una herramienta que en poco tiempo puede convertirse en la punta de lanza del diseño con software libre. Es libre y abierta —se basa en el estándar SVG— y no está orientada al diseño «en general», sino al sector UX, para que nos entendamos.

No voy a entrar a comentar las características, que se pueden explorar con detalle en la web de soporte o en los tutoriales en vídeo. Los desarrolladores están realizando un excelente trabajo de difusión y comunicación.

Entre las cosas que echo en falta y que estoy seguro de que irán apareciendo en el futuro hay:

  • Microinteracciones. Al menos la posibilidad de incluir rollovers básicos de forma rápida.
  • Estabilidad en proyectos extensos. La magia de funcionar sobre el navegador también es un talón de Aquiles en cuanto a rendimiento. En contraste con esos pequeños proyectos genéricos creados como demos, los diseños reales crecen rápidamente. No tardas mucho en pelearte con docenas de páginas extensas, muchísimas imágenes importadas en alta resolución y navegaciones circulares que hacen que los archivos sean muy pesados, y los navegadores aquí empiezan a patinar. Para mitigarlo, lo que hago es generar un perfil limpio de Firefox para trabajar exclusivamente con Penpot.
  • Más funciones de edición de texto. Si entendemos la web como un medio escrito, las herramientas de diseño deben ofrecer todo lo que puede hacerse, por ejemplo, con HTML y CSS. Formatos de selección de texto, control del espacio entre párrafos, tablas complejas, listas, etc.

Pero el punto más interesante de Penpot sigue siendo que se trata de una herramienta de software libre orientada a un sector que tradicionalmente solo ha sido cubierto por sistemas propietarios. Ya era hora de empezar a trabajar de forma eficiente sin el cautiverio que imponen los formatos cerrados o atándote a plataformas y modelos de negocio con los que no comulgas.

Ahora conviene que el proyecto se mantenga estable en el tiempo, por lo que se hace necesario colaborar. Participando en el desarrollo, reportando incidencias, proponiendo ideas o ayudando a traducir. Como en cualquier proyecto de software libre, lo más emocionante es saber que todo el mundo puede participar.

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